¿Cómo desinfecto mi casa, mi coche, mi lugar de trabajo, mi piel?

Esta es una de las preguntas más repetidas por los ciudadanos durante la actual pandemia del coronavirus. Sin embargo hay una muy buena noticia: el COVID-19 es un virus que presenta poca resistencia a la hora de poderlo eliminar de las superficies, con productos comerciales habituales. Su cubierta lipídica parece indicar que prefiere superficies grasas (de ahí la necesidad de desinfectar especialmente el teléfono móvil).

Así, cuanto más limpia sea una superficie, menos tiempo podrá permanecer el virus activo sobre ésta, ya que sólo contagia cuando está en suspensión en el aire o cuando entra en contacto con nuestras mucosas (nariz, boca, ojos, especialmente), lo que permite que manteniendo unos hábitos saludables de actuación se pueda evitar su contagio en la mayoría de los casos.

Las principales medidas preventivas que deberíamos tomar podríamos resumirlas en estas tres recomendaciones, que a continuación ampliamos:

  1. Mantener las superficies que tocamos lo más limpias y desinfectadas posible

  2. No exponerse a ambientes donde el virus pueda estar en suspensión, y si hemos de hacerlo, con los medios de protección adecuados (guantes, mascarillas…)

  3. Extremar nuestros hábitos de higiene.

Desinfección de superficies

A la hora de afrontar la desinfección de superficies hemos de considerar dos efectos: el efecto choque y el efecto residual. El efecto choque es el que asegura que el virus se desactive en el menor tiempo posible (desinfección de una superficie contaminada), pero no asegura que la superficie se vuelva a infectar. El efecto residual es el que ocurre cuando el agente desinfectante permanece en la superficie para retrasar al máximo una nueva infección (mantiene la desinfección de una superficie).

Últimamente han aparecido multitud de productos de limpieza. La EPA ha autorizado muchísimos agentes desinfectantes en estos últimos 15 días, generalmente basados en Hipoclorito Sódico (lejía), Ácido Hipocloroso, Peróxido de Hidrógeno (agua oxigenada), alcohol o amonios cuaternarios, en formulaciones que contienen algún tensioactivo o detergente para ayudar a la limpieza de las superficies.

Hay que destacar que la mayoría de sustancias desinfectantes son corrosivas, por lo que ha de consultarse las aplicaciones específicas para las que está diseñado (no se puede utilizar el mismo desinfectante para un teléfono móvil o el teclado de un ordenador, que para suelos o para una barandilla metálica).

De esta manera, cuanto más delicada sea la superficie, más difícil será poder aplicar un desinfectante con capacidad residual, especialmente si estamos hablando de equipos electrónicos, dado que pueden ocasionar averías por la corrosión que estos agentes producen en los elementos metálicos. Para estos últimos, los agentes recomendados estarán basados en alcohol y detergentes suaves, que se evaporan rápidamente y no se deberá sumergir o aplicar en spray directamente, a menos que el producto esté especialmente diseñado.

Desinfección ambiental

Para proteger el ambiente que respiramos disponemos de un desinfectante muy relevante: el ozono.

El ozono es un oxidante muy potente que presenta alta capacidad para destruir virus, bacterias y hongos y que se puede generar fácilmente en el propio espacio que hay que desinfectar, sólo es necesario una toma de corriente eléctrica.

El circuito electrónico del generador aumenta el voltaje a miles de voltios para provocar un arco eléctrico continuo (como si fuera un micro rayo constante) que ioniza el aire, produciéndose ozono, que tiene un olor muy característico.

La capacidad del ozono para eliminar el COVID-19 todavía está en estudio, pero si está probada su actividad en el SARS, que es otro coronavirus de estructura muy similar. De hecho la actividad antivírica del ozono está comprobada en dos de los tipos de virus más habituales: virus con recubrimiento lipídico en lo que se ha demostrado que el ozono es capaz de destruir esta capa externa y desactivar el virus, y los virus sin recubrimiento lipídico, donde los ácidos nucleicos del virus están recubiertos por proteínas o capsides que también son atacados directamente por el ozono, dado que estos virus no tienen protección contra agentes oxidantes. El COVID-19 es un virus con cubierta lipídica.

La ventaja del ozono es que al generarse en continuo, manteniendo una concentración constante en el ambiente (dentro de las concentraciones permitidas por la ley) desactiva muy rápidamente los virus que permanecen en el aire en los aerosoles o microgotas generados por la tos o estornudo de una persona infectada, evitando que se depositen en superficies. La utilización de generadores de ozono hace que se controle la concentración vírica desde el punto cero donde el virus aparece en el medio ambiente.

El ozono no tiene capacidad de permanecer en las superficies, por lo que ha de generarse continuamente. Es como tener a alguien que está desinfectando sin parar el espacio donde permanecemos.

Hay muchos tipos de generadores de ozono: desde equipos para desinfectar un vehículo (taxi, furgoneta, autobuses, metro) hasta equipos para residencias geriátricas, hospitales, tanatorios, hoteles y establecimientos públicos, cámaras frigoríficas, hogar, etc. Desde pequeños equipos que exclusivamente generan ozono e incluso se alimentan a 12V de la toma del vehículo, hasta otros más completos, que incluyen un temporizador, filtros, ventilador para difundir el ozono a lo largo de la estancia, compresor para impulsarlo desde el propio sistema de aire acondicionador, o portátiles con turbina para desinfecciones puntuales en diferentes habitáculos.

Recomendamos pedir consejo a los técnicos de Alphachem para la selección del equipo más adecuado en cada caso. Es tan peligroso quedarse corto (al no mantener una concentración mínima que asegure la desinfección), como un equipo demasiado potente que genere ozono en exceso, llegando a ser perjudicial para la salud. En este punto es importante la fiabilidad del equipo, que ofrezca garantías sobre la generación de ozono dentro de los parámetros indicados en cada caso.

Refuerzo de los hábitos higiénicos

Este punto es de vital importancia. Si intentamos no ponernos en riesgo, si nos lavamos las manos, si aprendemos a no tocarnos los ojos boca o nariz con las manos sucias y cuando lo hagamos sea mediante un pañuelo desechable, lograremos minimizar el riesgo de contagio. Los geles hidroalcohólicos son eficaces, pero acostumbran a resecar mucho la piel. La mejor recomendación es agua y jabón.

Si hemos de estar en zonas de riesgo, tenemos que hacer uso de los medios de protección adecuados, como guantes desechables (de látex por ejemplo), mascarillas (recomendable clasificación FFP3), y sería también deseable gafas protectoras, así como lavar la ropa que ha estado expuesta.

Esta terrible crisis que nos ha invadido nos permitirá tomar conciencia de lo grave que es la contaminación ambiental y microbiana en particular. Seguramente cambiará nuestra forma de interacción con el medioambiente y con los que nos rodean, especialmente cuando aparezcan nuevas cepas o en las crisis de gripe invernal. Los mayores peligros son los que no se ven. Aún peor que esta crisis vírica es el cambio climático que está ocurriendo en nuestro planeta, va avanzando poco a poco, y tampoco se ve de forma directa, incluso algunos científicos y bastantes dirigentes todavía niegan, pero que también está en manos de todos poderla revertir. Los cambios climáticos modifican los ecosistemas y pueden causar nuevas mutaciones y enfermedades desconocidas.

ALPHACHEM, Marzo de 2020